Compartir este artículo en:



Atención psicológica a niños en situaciones de emergencia

Chile es un país preparado para emergencias de diversa índole. El problema ocurre cuando muchos ciudadanos chilenos que ocupan su tiempo a distintas actividades sin ser conscientes de que posiblemente no estén lo suficientemente preparados para actuar de manera correcta ante una emergencia y sobre todo como proceder para salvaguardar a sus menores. Las emergencias en Chile se incrementan anualmente en número y en complejidad, donde el riesgo de que ocurra algún desastre tanto natural como provocado conscientemente o inconscientemente por el hombre está muy latente en cada instante, y las emergencias pueden aparecer en cualquier momento debido a esto.

atención psicológica infantil en situaciones de emergencia

Sobreponerse a alguna emergencia no es una tarea fácil para nadie, pero existe una parte de la población que es la más desprotegida. Se trata de los niños, quienes deben enfrentarse a situaciones de alto riesgo, que afectan su bienestar psicológico e integridad física (amenazando en muchas ocasiones su propia vida). A veces no basta con brindarles un poco de apoyo o acompañamiento, porque en la mayoría de las ocasiones los niños no logran comprender la realidad, trayendo consigo diversos trastornos psicológicos, que deben ser atendidos por psicólogos y psicoterapeutas especialistas en estas situaciones.

Niños en situación de emergencia

Todas las personas están expuestas a una infinidad de riesgos durante su vida, lo cual está determinado por el posible daño personal que podrían sufrir en algún momento, y que puede afectar cualquiera de los ámbitos social, económico o psicológico del individuo. Para que una emergencia ocurra, deben confluir factores externos, llamados amenazas (como los desastres naturales), con factores internos, llamados vulnerabilidades (como fallas en la gestión y atención de desastres). Estas emergencias suelen afectar desde un número reducido de personas hasta a comunidades enteras, siendo por lo general los niños y adolescentes quienes se llevan la peor parte.

Cuando ocurre una emergencia, son los adultos los encargados de intentar retomar el control de alguna manera, y en este ínterin es cuando los niños, paradójicamente, se ven más afectados. Esto se debe a que los adultos se encuentran atendiendo la emergencia y buscando las mejores soluciones para salir de ella, pero los niños son desatendidos en los momentos más críticos, bajo la engañosa premisa de que podrían ya estar a salvo, porque la integridad física de los niños puede que ya se encuentre fuera de peligro, pero muy probablemente continúen siendo testigos presenciales de las secuelas del desastre al cual se han enfrentado, desencadenando una serie de efectos emocionales que lo van conduciendo a un estado de inestabilidad psicológica que, si no es tratado a tiempo, puede convertirse en algo realmente grave.

Tanto la acción de la naturaleza como la acción del hombre ponen en gran riesgo el bienestar de los niños y provocan situaciones de emergencia donde los más pequeños deben enfrentarse. Pero no solamente estas situaciones están relacionadas a haber sido afectados por un desastre natural, como podría ocurrir en Chile con los movimientos sísmicos o los incendios forestales, sino también porque podría darse el caso de que los niños hayan sido víctimas de maltratos o abusos por parte de otras personas.

No ocurre solo en nuestro país, también en aquellos países que se encuentran en guerra, como Libia, Siria o Afganistán, o donde se han desarrollado diversos conflictos armados desde el siglo pasado, como en Colombia o México, los niños son altamente vulnerables a sufrir graves consecuencias tanto físicas como emocionales que indudablemente afectan todos los ámbitos de su vida. Debido a estas situaciones, son muchos los infantes que se enfrentan a la desnutrición, abandono, separación de sus familiares, maltrato infantil y abuso sexual, entre otro tipo de emergencias completamente inherentes a las acciones del hombre.

Un hecho recurrente y que hoy podría servir como un gran ejemplo para entender cuándo confluyen todos los factores de riesgo, tanto internos como externos, para generar una emergencia, son las migraciones. Estos son fenómenos sociales que ocurren prácticamente en todo el mundo, ya sea por causas naturales (inundaciones, nevadas, terremotos, etc.) como humanas (ya sean políticas, sociales, religiosas o étnicas). En cualquiera de estas circunstancias, los niños se enfrentan diariamente a una situación de emergencia que viven inocentemente, teniendo que abandonar sus hogares para enfrentarse al hambre, la miseria, el abandono, entre otras situaciones de amenaza y vulnerabilidad contra las cuales son prácticamente incapaces de valerse por sí mismos.

Síntomas y efectos emocionales de las emergencias en los niños

En cualquier situación de emergencia, todas las personas deben lidiar con las dificultades propias de cada caso, que les llevan a desarrollar una serie de síntomas psíquicos que afectan todos los ámbitos de su vida. En el caso de los niños, las consecuencias pueden ser mucho más graves, porque generalmente ellos no saben reconocer la magnitud de lo que les sucede y pudieran no percatarse de forma inmediata del enorme daño que están sufriendo.

El lapso en el cual los niños son más vulnerables es el que abarca los primeros seis años de edad, especialmente los dos primeros años, ya que este tiempo es el empleado por los niños para la formación involuntaria del carácter y el temperamento. En el transcurso de estas edades, los niños adquieren los conocimientos más básicos sobre las normas y el comportamiento social, por lo que encontrarse inmerso en un estado de emergencia hace que se altere totalmente su crecimiento y desarrollo personal, debido a que el ambiente no es apto para una normal evolución de su salud física y mental.

En los casos de emergencias causadas por desastres, por lo general el primer síntoma de los niños es el miedo. No saben cómo actuar y se ven muy afectados al no comprender las respuestas de los adultos cuando estas son desmedidas. Esto le despierta una fuerte sensación de angustia y tensión que no saben cómo manejar porque son situaciones nuevas para ellos. Tras esto, la reacción más común es el llanto o la agresividad, porque tal como sucede con las rabietas o berrinches en edades más tempranas, es una actuación natural al no saber qué hacer en una situación de estrés.

Las emociones negativas pueden intensificarse tiempo después de ocurrido el suceso y desencadenar ataques de ira, insomnio, angustia intensa por creer que alguna situación perjudicial pueda volver a ocurrir en cualquier momento, o psicosis, lo cual los impulsa a sentir que la situación de amenaza se está repitiendo, sin que esto sea así. Cada uno de estos trastornos genera además estrés postraumático y un estado de preocupación perenne que se les hace demasiado difícil de asimilar.

El estado de angustia al que se enfrentan los niños puede empeorar cada vez más en la medida que no le sean proporcionados los medios más acordes o no se desenvuelvan en un entorno de normalidad y tranquilidad después de haber atravesado una situación de emergencia. A medida que pasa el tiempo, pueden ir desarrollando nuevos trastornos que se van haciendo más difíciles de afrontar y controlar, tanto por ellos mismos como por los adultos que les acompañen, aunque sean sus propios padres.

Existen casos más graves que deben ser atendidos, como lo son aquellos en los que el niño tiene antecedentes psicológicos previos a la situación de emergencia, y por tanto en estas circunstancias el agravamiento de los trastornos es aún peor, ya que los originados a causa de dicha experiencia pueden hacer revivir los trastornos ya superados, u originar los nuevos de forma más recurrente e intensa.

Otras alteraciones de la salud mental que afectan a los niños en situaciones de emergencia y sus consecuencias, son:

  • Efectos fisiológicos:
    Dolores corporales generalizados.
    • Dolor de cabeza.
    • Diarreas.
    • Náuseas y vómitos.
    • Agotamiento y fatiga.
    • Trastornos del sueño.
    • Incontinencia nocturna (mojan la cama).
    • Pérdida del apetito.
  • Efectos psicológicos:
    • Estado de shock recurrente.
    • Depresión infantil.
    • Hiperactividad.
    • Nerviosismo.
  • Efectos conductuales:
    • Dificultad para pensar y concentrarse.
    • Reacción lenta ante los estímulos.
    • Confusión de la realidad.
    • Disminución de su interés por los juegos.
    • Miedo a separarse de sus padres, quedar huérfano o sin ninguna compañía.
    • Aislamiento.

Atención psicológica a niños en situaciones de emergencia

Sea cual sea la situación de emergencia, no todos los niños reaccionan de la misma manera, ya que sus necesidades varían según su edad, género, contexto social, circunstancias de vida antes de la emergencia y la situación de emergencia vivida, por lo cual deben ser evaluados por un especialista, psicólogo infantil u orientador de forma individual, y considerar cada uno de estos aspectos al momento de determinar una forma de ayudarlo.

En muchos casos, los psicólogos pueden atender a los niños en el mismo lugar de los hechos, así como a sus familiares, dependiendo de las circunstancias que se presenten. Su labor es fundamental para poder entender qué es lo que podría estar pasando por la mente de un niño en un momento crítico y así poder conducirlo a un estado de relajación a través de la terapia psicológica, siempre y cuando el niño se encuentre acompañado de sus padres o algún otro adulto que mantenga una relación cercana con él. Gracias a su ayuda, puede ser posible hacerle entrar en un ambiente de tranquilidad que poco a poco vaya disminuyendo los síntomas generados por la situación de emergencia que haya causado los trastornos que este padezca.

Sin embargo, en muchas ocasiones los familiares más cercanos no se encuentran a disposición de poder ayudar, bien porque están gravemente heridos, desaparecidos o, en el peor de los casos, muertos. En estos escenarios la labor de los psicólogos es aún más importante porque deben además lidiar con la tarea de ayudar a los niños a transitar por el proceso de duelo respectivo, a causa de la pérdida de sus seres queridos.

Esta no es una tarea sencilla, porque el niño puede no comprender tan fácilmente que sus padres, o cualquier otro adulto cercano que haya perdido, se hayan ido para siempre; la mayoría de las veces creen que su ausencia es temporal y se aferran a esa idea con mucha fuerza.

De cualquier manera, los niños suelen tardar mucho más tiempo en adquirir consciencia de lo sucedido y generalmente su reacción es muy diferente a la que tienen los adultos, así que el seguimiento de su evolución deberá ser prolongado en el tiempo. El objetivo es hacer uso de todas las herramientas que estén al alcance del especialista para que el pequeño comprenda todo lo sucedido, acepte las consecuencias dramáticas de la emergencia, y aprenda a convivir con el nuevo estilo de vida que deberá llevar de ahora en adelante.

¿Cómo apoyar a los niños en situaciones de emergencia?

En toda situación de emergencia hay que procurar brindar el mayor apoyo posible a los niños, porque son ellos los primeros que no sabrán cómo actuar ante cualquier imprevisto repentino. La mejor manera de hacer sentir seguro al niño es acompañándolo en todo momento, no dejarlo solo nunca. Se le puede abrazar o tomar de la mano, y en el caso de que comience a llorar, no debe ser forzado a dejar de hacerlo; esta reacción es completamente natural y le permite liberar la tensión acumulada del momento.

Una vez que el momento de mayor peligro en la situación de emergencia ha pasado, se debe hablar con el niño de la forma más clara y sencilla posible, para hacerle saber y comprender lo sucedido, así como que también sienta que su ayuda es muy importante, y la mejor manera que tiene para colaborar es mantenerse tranquilo y atender las instrucciones que los adultos tengan para él, así como escucharlo cuando nos hablé, para así proporcionarle un ambiente de tranquilidad, seguridad y confianza, haciéndole de esta forma entender que su opinión también cuenta.

Cuando la situación ya esté bajo control, seguramente los niños aún no se encuentran completamente confiados o seguros de que el peligro ha pasado. Los adultos deben hacer todo lo posible por recuperar la rutina, poco a poco y en la medida de lo posible, para que sean capaces de volver a sentirse seguros de nuevo.

Tarde o temprano los niños podrán retomar una vida normal, pero difícilmente olvidarán la situación por la que alguna vez atravesaron. Hayan o no hayan vivido una emergencia anteriormente, la mejor manera de ayudar a los niños es enseñándoles cómo deberían actuar ante una emergencia en algún momento. No debe olvidarse que en cualquier parte del mundo, todos son propensos a sufrir algún accidente, pero más aún en lugares donde exista algún tipo de alarma constante, como lo es en Chile, donde por ejemplo, los sismos suelen ser muy frecuentes; mantenga a la mano un kit de primeros auxilios e ideen un plan de acciones para saber cómo actuar cuando sea necesario, tomando en cuenta siempre que los niños son los más vulnerables, y también los primeros que deben ser atendidos.

Autor: © PSIGUIDE