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Cómo actuar ante una rabieta, pataleta o berrinche

¿Cuántas veces hemos sido testigos de reacciones descontroladas y desmedidas por parte de los niños cuando no obtienen lo que quieren? En esos casos, lo que sucede es que están pasando por un episodio de pataleta o rabieta infantil, también conocido como berrinche. Es normal que muchos padres se asusten o molesten por lo que está sucediendo, además de no saber cómo actuar ante tal situación, pero deben saber que no es algo atípico, que sucede con todos los niños en su primera infancia, y que siguiendo unos sencillos consejos se pueden encontrar fáciles soluciones para superar el momento incómodo.

como actuar ante una pataleta o berrincheLas rabietas o berrinches son reacciones por las que atraviesan todos los niños al inicio de la primera etapa de su infancia, que se manifiesta con molestias, llantos, gritos y pataletas que ni el niño ni sus padres pueden controlar, y que tiene una duración promedio de aproximadamente 15 minutos.

No todas las reacciones agresivas de un niño son una rabieta. Por lo general, los niños suelen molestarse cuando no se les complace sus exigencias, pero una rabieta en realidad va mucho más allá. Dependiendo del niño, esta alcanza un nivel superior cuando es:

  • motivada por la frustración acumulada de no haber satisfecho una serie de necesidades con el paso del tiempo, su reacción es exagerada, descontrolada y desmedida, cargada de altos niveles de ansiedad y desesperación.
  • motivada por una frustración inmediata, muchas veces esa inmediatez se debe a no saber decirle al niño “NO” antes determinadas situaciones, danto lugar a que el niño haya aprendido que con el lloro se consigue todo y tenga una reacción negativa cada vez que se le antoja algo. Puede darse el caso que los padres se nieguen a una petición de su hijo, y este proceda a iniciar de inmediato el arranque o berrinche, tirándose al suelo y comenzando a llorar, gritar y patalear, tal como podría ocurrir cuando pide que le compren un dulce en su visita al mercado, o un juguete en una tienda, y su demanda no es atendida. Por tanto el tiempo en que cada niño inicia ese proceso de pataleta está en función de sus características y aprendizaje anterior.

Usualmente, las rabietas comienzan a manifestarse entre los 12 y 18 meses de edad, y suelen intensificarse entre los 2 y 3 años, momento en el que comienzan a disminuir hasta que el niño cumpla los 4 años de edad. El motivo por el cual surgen es que el infante empieza a desarrollar su propia personalidad y a declarar sus diversas necesidades, pero no cuenta con el control que este requiere para sentir que sus objetivos han sido satisfechos. Además, la falta de vocabulario propia de su edad podría aumentar la frustración que siente al no poder comunicarse abiertamente, empeorando su reacción al sólo poder contar con los gritos, llantos y un lenguaje no verbal descontrolado. No hay que asustarse, los berrinches son normales en la edad en que suceden.

Aunque las pataletas puedan sentirse como algo desagradable para los padres, para los niños es mucho peor. Los niños que manifiestan una rabieta se encuentran en un estado que ellos mismos no pueden entender. Sus sentimientos les abruman a tal punto que se sienten realmente asustados. Las rabietas actúan como medio para descargar toda la tensión acumulada, pero en el transcurso, el niño se encuentra fuera de sí mismo, aspecto que debe ser considerado por los adultos para saber cómo actuar; deben entender que ese comportamiento es un reflejo de su frustración, que ocurre de manera espontánea, y el niño muy probablemente no esté totalmente consciente de lo que sucede.

Cuando un niño tiene una rabieta, las reacciones pueden ser de lo más diversas, pero generalmente siguen un mismo patrón en todos los individuos. Pueden comenzar a gritar con mucha fuerza, cada vez con más intensidad, hasta quedar sin voz, o correr y lanzarse al suelo dando golpes o patadas a todo lo que encuentre a su paso, por lo que los objetos a su alrededor deben ser retirados; en casos extremos pueden pasar largo rato sin poder respirar a causa del llanto, aunque no represente un grave peligro debido a que su mismo organismo obligará al niño a inspirar el aire necesario de vuelta a los pulmones. Ocasionalmente puede ocurrir sangrado en la nariz, a causa de la presión generada en la cabeza.

¿Cómo actuar ante una rabieta o berrinche?

Cuando un padre o madre se encuentra en la desagradable situación de tener que enfrentar una rabieta, lo más importante es tener en cuenta dos detalles: primero, el berrinche será simplemente imposible de manejar o controlar voluntariamente, y segundo, se debe mantener la calma hasta que el niño culmine el episodio espontáneamente.

Por otra parte, se deben evitar los regaños violentos, como pegarles o gritarles, ya que esto lo que hace es alimentar los sentimientos negativos que el niño tiene en ese momento y puede empeorar la situación. Además, con el paso del tiempo, irá acostumbrándose a la idea de que los castigos físicos son algo normal, por lo que cada vez más surtirán un menor efecto. Sencillamente no se debe discutir con el niño, debido a que este se encuentra fuera de los límites de la razón.

Todas estas situaciones obedecen a sentimientos de frustración por parte del infante al no poder conseguir algo que desean sin que, a su vez, puedan manifestar su inconformidad de alguna otra manera. Los padres deben procurar saber qué es lo que ha impulsado a sus hijos a tener ese comportamiento, para así conocer cómo actuar mientras ocurre el berrinche.

La mejor alternativa es ignorar al niño que se comporta de esta manera cuando no se cumple con sus exigencias; continuar realizando las labores que se venían haciendo le hará saber a su hijo que de nada sirve tener esa actitud, y poco a poco este se irá calmando, hasta que recupere el control. No obstante, en el transcurso de esta situación, el adulto debe procurar mantener al niño vigilado, de manera que pueda intervenir ante cualquier riesgo de peligro, especialmente en lugares públicos, donde pueden ser llevados a un lugar apartado, como un baño o al automóvil, para que puedan desahogarse con libertad y sin molestar a nadie más. En la mayoría de los casos, los protagonistas de la rabieta pueden actuar violentamente hacia otras personas, objetos e inclusive hacia sí mismos. Nunca se debe dejar al niño solo.

Cuando los niños no son tan pequeños, como por ejemplo, cuando ya han comenzado a ir a la escuela, estos tienen un mayor nivel de comprensión y es bastante acertado utilizar la táctica de mandarlos a su habitación hasta que se calmen. Se debe hacerles entender, que mientras mantengan esa actitud, no será atendida ninguna de sus peticiones, y que sólo cuando se comporten serán escuchados.

Lo más importante de todo cuando ocurre una rabieta, es que jamás se debe complacer la exigencia del niño para lograr calmarlo. Esta respuesta sólo le hará establecer la certeza de que su actitud ha sido la causante de haber logrado su objetivo y se irá acostumbrando a recurrir a una pataleta, cada vez más con mucha mayor vehemencia, siempre que quiera algo. Si esta conducta se convierte en algo inherente a su personalidad por esta causa, los padres deben estar conscientes de que han sido los primeros responsables.

¿Qué ocurre después de una rabieta o berrinche?

Al igual que no se debe complacer las exigencias de los niños durante una rabieta, lo mismo debe ocurrir después de ella. Si un padre recompensa a un niño atendiendo la misma solicitud que originó el berrinche, esta sería prácticamente la misma respuesta que el niño estuvo esperando durante su arranque de rabia, por lo cual se estaría reforzando ese comportamiento.

Al contrario, los padres deben conversar con su hijo y hacerle saber que lo que ha hecho no ha estado bien, y que con esa actitud no lograrán nada, tal como ha sucedido en esa oportunidad. El niño debe comprender que esa no es la mejor alternativa que tiene para logar algo, y así se da un paso muy importante para ir evitando estos episodios. Un abrazo y un mensaje de aliento ayudan al niño a sentirse querido y a saber que existen otras vías para obtener lo que desea.

¿Cómo evitar una rabieta o berrinche?

Existe una estrategia ideal a la hora de querer evitar que ocurra una rabieta, y esta es procurando que no existan. Siempre es posible que los padres se mantengan atentos a las actitudes que sus hijos van desarrollando durante su crecimiento, de manera que puedan conocer las cosas que le hacen feliz, así como aquellas que le desagradan, para poder tomar las medidas correctivas a tiempo.

En este sentido, muchos niños comienzan a tener pataletas porque no se sienten atendidos, es decir, porque creen que sus padres no les prestan la atención suficiente. Este es un desencadenante de sentimientos negativos, debido a que justamente obtienen la atención que requieren cuando hacen algo malo. Entonces, en estos casos, el berrinche no es más que una forma de comportamiento que los niños han encontrado para que sus padres volteen la mirada hacia ellos, ya que prefieren llamar la atención con una conducta negativa, que no obtener ningún tipo de estímulo, por ello es de suma importancia ofrecer comentarios positivos a los niños cuando estos se estén portando bien.

Otra buena manera de mantener a los hijos de buen humor es hacerles sentir que tienen el poder de tomar decisiones sobre lo que les afecta. Esto se puede lograr, por ejemplo, haciéndoles preguntas sobre el momento en el que les gustaría hacer las cosas, mas no si les gustaría hacerlas o no. ¿Cómo se logra esto? En lugar de preguntarles si desean comer algo en específico, a lo que probablemente responderán que no, se les puede dar opciones a escoger, para que sientan que han decidido por sí mismos y se mantengan contentos.

También es válido mantener distraídos a los niños de aquellas cosas que puedan ser consideradas una fuente de problemas. Esto puede suceder cuando van juntos al mercado y pasan por el pasillo de los dulces. Inevitablemente el niño va a pedir que le compren algunos, por lo que evitar pasar por allí es necesario. Si no se puede evadir cruzarse con situaciones de este tipo, entonces se puede intentar ofrecer algo a cambio, pero esta alternativa debe cumplirse, porque la frustración en caso contrario por parte del niño en caso de no llevarse a cabo, podría ser aún peor y nada podrá impedir un episodio desagradable.

Siempre se debe estar atento a los sentimientos de los niños y a las necesidades que requieren ser cubiertas. En muchas ocasiones son exigidos por los padres a realizar ciertas tareas, cuando estos tienen hambre o sueño y lo que desean fervientemente es comer algo o irse a dormir. La solución para ellos en esos casos es muy fácil, comenzar a gritar y patalear hasta el cansancio, todo porque sus padres no se dieron cuenta de que realmente no estaban en condiciones para hacer otras cosas.

La constante comunicación entre padres e hijos es fundamental para que puedan conocerse mutuamente y saber cuáles son los límites a los que se puede llegar. Los niños, a medida que van creciendo, también van aprendiendo a evaluar hasta dónde pueden llegar en sus exigencias, pero esto sólo será posible si sus padres les prestan la atención suficiente y saben hacer llegar las respuestas a los requerimientos de sus hijos de manera adecuada.

Ayuda especializada en caso de rabietas o berrinches

Aunque las rabietas o berrinches son consideradas como algo normal en el desarrollo de los niños, no siempre debe pasarse por alto una atención profesional, cuando así se amerite. Varias son las áreas de la medicina, como la pediatría, la puericultura o la psicología infantil, que pueden atender aquellos casos especiales en los que la situación se escapa de las manos.

El escenario más común y evidente se presenta cuando el niño se ha hecho daño durante una rabieta o berrinche. En muchos casos la atención médica es ineludible, debido a que es común que ocurran golpes, rasguños o algún otro incidente que requiera una revisión. También es posible que el niño tenga algún problema de salud que sea el causante de la frustración, como afectaciones en la visión u otras patologías que no han sido descubiertas y hacen que se sienta mal, por lo que los controles pediátricos podrían responder a muchas interrogantes en torno a este tema.

Es posible que algunos padres no puedan controlar las rabietas de sus hijos, y ellos también pierdan el control ante tal situación. Evidentemente esta actitud es absolutamente negativa y lejos de ayudar a controlar la situación, lo que hace es aumentar el problema. En escenarios como este, no está de más buscar ayuda profesional que permita guiar a los padres hacia una buena manera de atender lo que ocurre.

Ahora bien, si las rabietas van en constante aumento en cuanto a su frecuencia e intensidad, es recomendable acudir a un psicólogo o terapeuta experto en niños. Lo normal es que, con el paso del tiempo, las rabietas o berrinches tienden a ir disminuyendo hasta desaparecer, alrededor de los 4 años de edad, pero si esto no sucede, un especialista podría ayudar a encontrar las causas de esta situación y sugerir las acciones a tomar para que todo vuelva a la normalidad.

Se debe comprender que los niños no son culpables de protagonizar una rabieta o berrinche, por ello se hace necesario aplicar los consejos descritos en este artículo para superar el mal momento y que todo vuelva a la normalidad. Brindar mucho amor a sus hijos reforzará las actitudes positivas, y con el paso del tiempo ya verán que sólo ha sido una etapa de su desarrollo, que pronto quedará atrás.

Autor: © PSIGUIDE